Herencia del Pacífico
Conmemoramos a la población afro que habita Bogotá con el retrato de dos representantes de su ancestralidad.
Alba Nelly Mina, sabedora ancestral del Pacífico.
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Alba Nelly Mina y Henry Montaño tienen en común la región en la que nacieron: el Pacífico colombiano, el hecho de  ser afrodescendientes y tener como lugar de residencia actual a Bogotá. Ambos representan parte de una cultura que es singular, de igual modo ampliamente diversa.

Estos bogotanos por adopción  viven en dos de las localidades de la ciudad con mayor población afrodescendiente (Bosa y Santa Fe, respectivamente); sin embargo la comunidad afrodescendiente en Bogotá es mucho más amplia y tiene una representación importante en otras 13 de las 20 localidades de la capital: San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Ciudad Bolívar, Suba, Engativá, Chapinero, Fontibón, Kennedy, La Candelaria, Los Mártires, Puente Aranda, Usaquén y Usme. Estas dos historias son solo una pequeña muestra del importante aporte que la trashumancia afrocolombiana, a causa de la migración y el desplazamiento, hace a la cultura y la diversidad de una ciudad como Bogotá.

Alba Nelly Mina: una sabedora del Pacífico

Alba Nelly nació en Puerto Tejada, uno de los municipios más comercialmente activos del Norte del Cauca. Llegó a Bogotá en 1984 y actualmente vive en la localidad de Bosa. Se autodenomina cimarrona y rebelde. La razón: se expresa como quiere, “siempre digo lo que pienso”, afirma. En su discurso emplea conceptos como ancestralidad, comunidad, oralidad. Explica que estos elementos hacen parte de su acervo cultural y son ellos su conjunto de valores, y la manera en que los vive a diario, los que la convierten en una sabedora.

De pequeña sus padres los reunían a ella y a sus hermanos en la sala de su casa. La madre cantaba, el padre respondía cada palabra que ella entonaba, también con cantos, con tambor y tiple. En las reuniones familiares se contaban cuentos, fábulas: los conejos eran los negros, los tigres los esclavizadores.

Cuando Alba Nelly habla, a través suyo hablan generaciones enteras que han observado y establecido una comunión con la naturaleza; han aprendido y sacado conclusiones que convirtieron en saberes. Alba Nelly conoce las plantas de su región, sus posibles combinaciones para preparar remedios en pro de la salud de su comunidad. Comparte que recientemente su padre le ha dicho que comer coco rallado con panela es vital para los tiempos de confinamiento: mantiene el cuerpo alcalinizado y con energía.

Los conocimientos que ha heredado, desde luego, no se han quedado en ella: en 1991 creó una guardería para niños del Pacífico que funcionaba en Bosa, como una manera de preservar lo que había aprendido en Puerto Tejada: cuando los niños se quedan en casa porque los padres trabajan, los vecinos, que son familia extendida, cuidan de ellos, vigilan sus juegos. Cuando la guardería cerró en 2007, convocó a los niños que le llamaban “mamá” o “abuela” para formar una agrupación de danza y música folclórica: el Grupo Palenke. Alba Nelly les ha transmitido los cantos, los bailes, las oraciones que aprendió de sus padres y que ellos aprendieron de los padres de sus padres, como una forma de preservar y potenciar esa tradición oral que es parte de su esencia, el legado del Pacífico para Colombia.

Peluquería “El Jerry”

Henry Montaño Lerma, peluquero que preserva una tradición entre la cultura afro en Bogotá.

A Henry Montaño Lerma en Buenaventura lo llamaban “American”. Le gustaba el idioma anglosajón, era bueno con las clases de inglés. En Bogotá son muy pocos quienes conocen este apodo, y si lo llaman así es porque lo conocen del barrio en el que creció. En la capital lo llaman por su nombre de pila: Henry, o por “El Jerry”, como está bautizada su peluquería en la localidad Santa Fe.

Llegó al barrio Las Nieves hace 24 años porque conocía a paisanos que vivían ahí mismo. Cuando habla de su región dice que no la entiende como un organismo dividido, sino por el contrario, la ve como una unidad cultural: “Nunca hice una separación entre Buenaventura, Tumaco, Puerto Tejada o Timbiquí. Soy bonaverense, pero me siento como un representante del Pacífico”.

De acuerdo con la tradición oral afro, antes de ser abolida la esclavitud, las mujeres peinaban trenzas en el pelo de sus hijas para crear mapas que dirigían a los palenques, o marcaban la salida de un bosque que conducía a un lugar seguro. Desde entonces la relación de los afrodescendientes con su pelo conlleva un significado de resistencia profundo que perdura hasta hoy. Henry ha aportado a que esta tradición se mantenga vigente en Bogotá desde su mudanza. “Antes hacía hasta 250 cortes al mes”, o sea que al año cortaba el pelo a alrededor de 3.000 hombres. Buena parte de ellos fueron reconocidos jugadores de equipos de fútbol colombiano: Millonarios, La Equidad, Independiente Santa Fe, la Selección Colombia.

Henry, "El Jerry", en medio de una sesión de trabajo. Fachada de "El Jerry"

Henry aprendió esta tradición viendo y practicando. Enfatiza que practicando. Recuerda que la primera vez que cortó el pelo fue cuando tenía trece años, a dos hermanos. Lo hizo con una tijera de modistería. En ese momento a lo mejor no calculaba que aquel acto que realizaba por afición se convertiría en su sustento hoy a sus 47 años, y mucho menos que los llevara a ser reconocido por un oficio que tiene implícita una importante herencia de la cultura afrocolombiana.

En el Mes de la Herencia Africana y Día Nacional de la Afrocolombianidad, el Instituto Distrital de las Artes - Idartes se une a su conmemoración a través de una programación curada por sus diferentes gerencias, escenarios y por la Subdirección de las Artes del Idartes y los Grupos sociales y poblacionales - Grupos étnicos.

Por David Escobar De Lavalle

 

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