En el tango se abre una nueva posibilidad de abrazar
Con la residencia virtual de Orbitante, John y Ángela han encontrado el camino para mantener viva la semiótica de la danza.
John y Ángela Tango
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Un juego de pregunta – respuesta, de escucha total; un momento vital e íntimo que deja ver la magia de un abrazo y la sensibilidad de un paso; un hombre y una mujer que establecen comunicación desde el lenguaje no verbal, abriendo un universo de posibilidades entre la danza y la humanidad; así se vive el tango en los escenarios y las milongas, donde se hace evidente la belleza estética de este género dancístico, que hoy motiva un profundo análisis y un reto enorme para los danzantes: ¿cómo hacer que dos cuerpos se mantengan en constante diálogo a pesar de la distancia?

Ese era el interrogante de John Galindo y Angela Mesa, bailarines que en el año 2013 se unieron para desarrollar proyectos creativos alrededor del tango, motivados por la exploración de la danza desde sus diferentes técnicas y la exigencia de este lenguaje en el escenario y en la vida misma porque, como explican, aquí confluyen personas de todas las edades y múltiples ocupaciones, que pueden bailar sin que necesariamente sean profesionales, pero sí mediante una propuesta real que trae inmersa una aparente simpleza y una impresionante complejidad.

Es un encuentro que está dado a partir del abrazo y de la necesidad innata de una pareja; es un trabajo de experimentación corporal que ahora está en búsqueda de nuevas maneras, técnicas y medios para acercar a los bailarines que, como John y Angela, quieren seguir danzando, explorando y hallando espacios de creación pese al distanciamiento social. Las milongas están cerradas, los escenarios hacen una pausa, pero el cuerpo de los danzantes sigue vivo, mientras mente y corazón están alineados para virtualizar el baile y hacer que esa relación vital del tango evolucione y crezca.

De ahí, que meses después de fundar la compañía John y Angela Tango en el 2019, este dueto se aventurara a explorar procesos escénicos y metodológicos a través de los canales digitales. No es una tarea fácil, aseguran, pero con la experiencia y conocimiento adquiridos durante más de 20 años de carrera, él con su formación artística en Buenos Aires, Argentina, y ella como filóloga y bailarina con énfasis en dirección coreográfica, han podido contestar a su pregunta con el proyecto Cuando te vuelva a abrazar, el cual desarrollan como residentes virtuales de Orbitante, la plataforma de danza del Instituto Distrital de las Artes – Idartes.

Todo comenzó al inicio del pasado abril, cuando el Idartes, a través de su Gerencia de Danza, abrió una invitación pública para apoyar proyectos dancísticos a través de encuentros, laboratorios y asesorías virtuales, como respuesta al sector artístico en medio de las medidas de seguridad implementadas en el país; 22 agrupaciones se inscribieron en el proceso, entre esos, John y Angela Tango, quienes vieron aquí una oportunidad para continuar con la exploración del movimiento y para guiar a sus discípulos hacia la navegación de otros lenguajes a partir del tango.

Para el dueto, esta fue la puerta que se abrió para reencontrarse con su grupo de artistas; personas con quienes venían trabajando y que ahora se unen para responder a esa necesidad infinita del otro, esta vez, por medio de un laboratorio donde existen espacios de formación y creación, apoyados en el movimiento, el arte dramatúrgico y, su clave, la exploración de la danza, todo alineado con la técnica del tango, que indaga en lo más profundo del ser artístico y en el lenguaje no verbal, para permitir que dos cuerpos se mantengan en constante diálogo a pesar de la distancia.

Esto se logra con los dos encuentros virtuales que realizan cada semana. Tres hombres y tres mujeres, la mayoría aficionados a la danza, son guiados por John y Angela en el laboratorio de aproximadamente dos horas, donde, primero, se desarrolla la clase de tango, para luego hacer una exploración artística que les permita familiarizarse con las dinámicas de la creación, desde las propuestas establecidas por los maestros, la misión del proyecto y la imaginación de los participantes; se trata, según explican, de ponerse en lugares que no son los comunes para generar un material corporal que luego será plasmado en un videodanza.

Esto durará aproximadamente 12 semanas, tiempo durante el cual John y Angela se reunirán constantemente, como lo han venido haciendo, para realizar la planeación y el trabajo técnico del proyecto Cuando te vuelva a abrazar, donde todo está conjugado para redefinir la virtualidad como un lugar sensible que, como explican, le devuelva al tango la opción vital del abrazo, esta vez, para abrazar el alma, abrazarse a sí mismo y abrazar el espacio donde no está el otro; es transformar la semiótica de la danza a través de nuevas opciones de comunicación que permiten unir a personas de todas las edades, lugares y condiciones, bajo un mismo objetivo.

Y es que en el laboratorio tienen personas de 70 años, pero también de 20; es un grupo heterogéneo y hermosísimo, afirma Angela, porque algunos de ellos nunca han estado en un proceso escénico y otros no habían tenido la oportunidad de crear. Con esto, el dueto de tango ha encontrado la dimensión de Orbitante y la reconocen como una plataforma que permite hacer red, crear propuestas y empezar a conocerse unos con otros para, entre otras, cooperar en beneficio de mantener viva la danza en la ciudad. Es, como señalan, una linda oportunidad y un golazo del Idartes.

Al igual que esta compañía, otras siete se encuentran en procesos de las residencias virtuales. La mampara del deseo; Pies y tierra; Manifiesto “A la libertad”Eva-Ave; Zimon'es; Ausencias; y ¿El whacking se toma el transporte urbano?, son los demás proyectos que hacen parte de Orbitante, el ecosistema para la creación que fomenta la apropiación, circulación, formación e investigación en los diferentes lenguajes de la danza, y donde el año pasado se vincularon aproximadamente 520 artistas, se realizaron alrededor de 60 residencias entre permanentes y temporales, y se brindaron más de 1.000 horas de asesorías y actividades de cualificación; además del apoyo en la circulación de obras.  

Todo esto es lo que han conocido John y Angela desde que, a través de un correo electrónico, se enteraron de la invitación pública que trasladó las residencias a la casa de los bailarines. Ahora, ambos disfrutan este nuevo camino y aprovechan el apoyo de expertos que los guían en su proyecto; seguros, de que esta es una excelente alternativa para la difusión del trabajo de la naciente compañía, que seguirá abriendo espacios para la vivencia del tango en lugares que, como aseguran, trasciendan la forma y encuentren la esencia de las emociones humanas.

Por Yeimi Díaz Mogollón

Foto de John y Angela Tango  
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