Entrevista
Cristian Reynaga, invitado al RealMix 2020
El curador argentino, director del festival +CODE, compartió algunas reflexiones acerca del sector.
Cristian Reynaga
Contenido

Durante dos semanas, el Instituto Distrital de las Artes - Idartes desarrolló el RealMix 2020, un evento de artes electrónicas pionero en Iberoamérica. Este encuentro, realizado a través de la Línea de Arte, Ciencia y Tecnología y del Planetario de Bogotá, finalizó el 4 de diciembre con la entrega del Premio Latinoamericano RealMix 2020.

Si algo demostró este festival, es que la relación entre el arte y la tecnología es inminente, una relación inclusive simbiótica, que ha ido tomando cada vez más fuerza. La realidad aumentada, así como su mismo concepto lo expresa, es una extensión de lo que vemos y vivimos hoy en día, y esto permite múltiples horizontes y posibilidades artísticas, lo cual se demostró en las exhibiciones de proyectos de los artistas invitados mediante la plataforma inmersiva Hubs. 

La migración hacia lo virtual es cada vez más fuerte, pero muchas personas e instituciones aun no lo han acogido, por lo que para esta ocasión el argentino Cristian Reynaga, participante en la agenda del festival, explica más sobre esta unión entre arte y ciencia, así como del festival, su trabajo y del futuro del sector. Reynaga es curador de arte, docente y tecnólogo. Desde 2015 es director del Festival Internacional de Cultura Digital +CODE y ha participado en varias conferencias de festivales de arte y nuevos medios de América y Europa. 

¿Cómo vivió el Festival RealMix 2020?

Sin dudas, ha sido uno de los hitos regionales de este año para quienes producen y están interesados en la producción inmersiva, tanto en realidad aumentada como en realidad virtual. La magnitud de los artistas participantes y quienes participan en actividades académicas construyeron un festival que introdujo a un público general los movimientos estéticos y conceptuales más relevantes de la actualidad. Celebro que estemos hablando de una acción organizada desde América Latina, en una época en donde este tipo de festivales suelen ser organizados en otras regiones bajo criterios que no se muestran atentos a la diversidad cultural.

¿Qué puede decir sobre el futuro de este sector, especialmente en Colombia y América Latina?

Considero que es tiempo de consolidar los esfuerzos dispersos de los últimos años para promover un gran ecosistema en el que se retroalimentan artistas, productores, audiencias e instituciones públicas y privadas. Sólo como unidad, sin dejar de lado las particularidades, deseos y necesidades de cada actor, se podrá ver cómo estas producciones comienzan a involucrar cada vez más a las historias de cada lugar y construir así una pluralidad de miradas muy necesaria en esta época.

¿Qué implicaciones tiene el primer Premio Latinoamericano RealMix para lo anteriormente mencionado?

El Premio Latinoamericano RealMix será recordado como uno de los dinamizadores más relevantes del ecosistema artístico y de las industrias culturales en torno a estas disciplinas. La magnitud del presupuesto asignado a los premios, en épocas donde el fomento a la creación artística se está viendo cada vez más desafiado por las coyunturas económicas que nos afectan en toda la región, es una decisión política que ya se ha convertido en referencia y nos da una cuota de optimismo para pensar en un mediano y largo plazo más prometedor.

Los proyectos seleccionados, creados en distintos países de la región, dan cuenta de una diversidad muy amplia sobre las temáticas que interesaron y abordaron estos creadores que constituyen y visibilizan por primera vez un estado del arte posible y al que podremos retornar en el futuro para analizar estéticas, discursos, imaginarios y modos de construcción de sentidos en entornos virtuales y aumentados.

¿Cree que las instituciones culturales han entendido el potencial del entorno digital, más allá de la difusión, para conectar y comunicarse con sus audiencias?

Esta es una de las preguntas más inquietantes para las instituciones. Si en la historia reciente no han fomentado investigaciones, la producción de obras en torno a los medios o se han aliado con comunidades de artistas y tecnólogos, no será fácil entender y habitar otros entornos no familiares. 

Siendo la tecnología uno de los tópicos que más nos está revolucionando en la actualidad como sociedades, no termino de entender el por qué de los casi nulos esfuerzos de las instituciones culturales en acercarse, en predisponerse a escuchar, dialogar, o a entender otros modos de construcción y circulación de ideas. Por otra parte, es también una posibilidad para mantener alternativas a un modelo de circulación que presenta notorios signos de agotamiento, me refiero a las ferias comerciales y a los grandes eventos de comercialización de arte. Aquí hay una hegemonía de ciertas prácticas de valoración y circulación que el arte en entornos digitales aún tiene la posibilidad de evitar. 

Creo que es una gran posibilidad que tenemos en las manos, la de encontrar un modo propio y más sano y no forzar a los artistas a que deban entrar y circular en cubos blancos.

¿Desde su experiencia como curador, cuál diría que es la relación entre el mundo análogo y el digital?

La idea de territorio es uno de los temas que vengo trabajando hace años, tanto desde una mirada tradicional entendida como porciones de tierra colonizables, habitables, intercambiables, como desde otras que ponen en crisis esta idea tradicional de espacio analógico y único. 

No hace falta ver a través de pantallas para entender cómo nuestra percepción del mundo está siendo aumentada por información. Estos fantasmas de datos que como sociedad estamos comenzando a ver alrededor de todo lo que hacemos -desde recibir una notificación en nuestros teléfonos, agendar un evento en nuestro calendario hasta tener una llamada desde una ciudad muy lejana-  nos pide una actitud mucho más informada sobre las bases y condiciones de la vida que se nos ha impuesto por parte de las compañías que nos ofrecen los servicios con los que llevamos adelante nuestras vidas. 

Wendy Chun, en su libro Updating to Remain the Same, señala que a través de los hábitos que hemos incorporado los usuarios nos convertimos en máquinas: transmitiendo, actualizando, subiendo, compartiendo, verificando, mapeando, salvando, enviando a la papelera. 

Los artistas con los que he tenido el honor de acompañar, vale destacar que al momento he trabajado únicamente con artistas vivos, activan con sus obras reflexiones sobre las crisis que encontramos en el cruce de estos ámbitos y cómo las prácticas sociales pueden ser observadas desde una mirada más crítica sobre esta naturalización que se nos ha impuesto sobre los modos de crear e imaginar. Desde estos puntos es que luego se transitan distintos medios, analógicos o digitales, según las características de cada proceso que luego resulta en obra.

¿Cómo ha sido, o cómo se ha transformado el rol del curador dentro de las exhibiciones que se valen de la tecnología?

El rol del curador emerge en función de los contextos en los que se inscribe su práctica. Es decir, el circuito artístico evoluciona de forma dinámica con los actores que conforman dicho ecosistema, conformando así una escena de arte que se desarrolla de manera susceptible a los códigos y a los hábitos identitarios y culturales. Un curador no es un historiador de arte, ni tampoco un crítico de arte únicamente, sino que su habilidad principal es la de posibilitar las condiciones para reunir bajo una hipótesis original un conjunto de objetos de diversas fuentes y naturalezas, de un modo que no podría suceder bajo la óptica de otras disciplinas, como la historia del arte o la antropología. Estos objetos pueden ser creados dentro del ámbito artístico o no, pueden ser objetos físicos o no, y pueden ser objetos no finalizados o incluso totalmente conceptuales. 

La amplitud de posibilidades también se visibiliza en los contextos en los que puede desarrollar la exhibición, una etapa intermedia del proceso curatorial y no como la etapa final. Exhibir y abrir un conjunto de objetos, ideas, instancias o experiencias al encuentro con distintas audiencias es un espacio de intercambio y de construcción de sentidos e imaginarios. Debe provocar y predisponerse a la retroalimentación.

Así como hago hincapié en las habilidades de poner en escena distintos objetos creando relaciones resultantes del proceso de investigación, también quiero destacar el grado de conocimiento que un curador debe tener sobre los aspectos espaciales y temporales en donde sucede este contacto entre públicos y obras. En este contexto de casi total virtualización de nuestras interacciones laborales, sociales, afectivas, si los proyectos curatoriales suceden dentro, o en relación, a plataformas digitales, es necesario entender las especificidades de estos medios, entender sus orígenes, sus maneras de evolucionar y sus implicancias éticas, políticas y culturales. 

No podemos obviar que la construcción de determinados lenguajes de programación, o la libre disponibilidad de sistemas operativos, plataformas o servicios gratuitos, son modos de colonizar los entornos digitales, y al mismo tiempo, habilitar ciertas prácticas creativas e imposibilitar otras. Es una época de feudalismos digitales, como bien señala el autor Bruce Sterling en su libro The Epic Struggle of the Internet of Things, en donde nada puede ser naturalizado y todo debe ser puesto en análisis. 

Lo fantástico de esta época es poder desarrollar estas reflexiones junto a artistas que desean y construyen alternativas. Allí es donde vale la pena para mí el encuentro entre artistas y tecnologías, porque inventan territorios contrahegemónicos de pruebas y de posibilidades, y el rol curatorial debe estar en sintonía con los problemas que abordan y los modos de investigarlos y ponerlos en escena.

Por: Valentina Moya

 

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