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Ilustración y Caraoqué, un nuevo formato musical en el Gaitán
La sesión musical, en un innovador formato, estuvo acompañada de visuales, a cargo de los artistas Mateo Rivano y Yoda.
Caraoqué
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El sonido melancólico del violín recorría los recovecos del Teatro Jorge Eliecer Gaitán, mientras la banda bogotana Aguas Ardientes llevaba a cabo la prueba de sonido y el montaje de su intervención musical. Comenzaron a unirse el banjo, el teclado, el tambor, el bajo y la batería. Cada quien por aparte ejecutaba su instrumento con tal vehemencia que parecía estar abstraído del mundo.

Una luz tenue de colores verde blanco y naranja engalanaba los sonidos limpios de las cuerdas. Los artistas cambiaron su atuendo, en el que predominaba una camisa negra con hombreras rosadas. “Una canción para nuestra querida ciudad”, dijo el vocalista de la banda, una de las invitadas a Caraoqué, una sesión musical con bandas locales en el Gaitán, que para esta oportunidad contó con los visuales de Yoda y Mateo Rivano, dos ilustradores, quienes se encargaron de poner las letras de las canciones de esta y otras tres agrupaciones invitadas para que el público desde sus casas pudiera corearlas y aprendérselas.

“Mi intervención consistió en saborear e investigar cada canción y su banda. En el caso de Bogotá de Aguas Ardientes, me evocó lo popular y lo extravagante de nuestra ciudad; si bipolaridad. Así desarrollé distintas gráficas animadas que acompañaron este show Caraoqué grabado desde el Gaitán”, señaló Yoda, una de las ilustradoras que llevó a cabo los visuales. 

Este innovador formato nació a  partir de la reflexión de cómo se puede generar más interacción entre el concierto virtual, muy recurrente en estos tiempos, y el público. 

“Me parece muy  bueno el espacio; agradezco mucho la oportunidad. Eso es justamente lo que he tratado de hacer durante toda mi carrera artística, y es poder mezclar la música con la parte visual, y que se complementen. Eventos como el Caraoqué permiten que siga creciendo la cosa, que lo visual siga cobrando cada vez más relevancia”, señaló agradecido Mateo Rivano, otro de los ilustradores.

El turno ahora fue para Babelgam, una banda local con una estética un tanto punkera, cuyos riffs y batería veloces pusieron a mover las cabezas del equipo humano del Gaitán. El negro y el blanco predominaban en la tarima. "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad", decía constantemente uno de los temas.

“Es un escenario inmenso y de impacto metropolitano. La verdad es un honor poder pisar este espacio. Aunque no había público, no podíamos creer la inmensidad frente a la estábamos tocando”, dijo Juan Tuaty, vocalista y líder de Babelgam. De acuerdo con el vocalista, la propuesta musical de la banda está definida como un “dolor cachaco” y se enmarca en el género del Doom pop. 

Luego del almuerzo, siguió la música en el Gaitán. Hasta el momento, habían estado en el escenario bandas con el formato tradicional de guitarra, bajo, batería y voz. Esta vez fue diferente. Comenzaron a hacer la prueba de sonido dos artistas, un hombre y una mujer, cuyas voces se mezclaban de una forma totalmente sincrónica. Se trataba de Gato e’ monte y La Muchacha, dos propuestas locales auténticas y atípicas. Además de las voces, los acompañaba la bandola intervenida de Gato e’ monte, la cual él mismo denomina como bandola chiflamero; inspirado en la palabra chiflamica, que según el artista era como se referían antes al músico de calle.

“Nunca me imaginé poder tocar en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Es raro sin público, porque para mí es vital la retroalimentación y la vibra de la gente. Fue raro enfrentarse a esa soledad. Pero fue una experiencia una chimba, el sonido del Gaitán fue excelente”, comentó Gato e’ Monte, un cantautor bogotano que interpretó uno de sus temas del álbum Gurbia, un disco que es el producto de los viajes del artista, quien ha peregrinado por las calles capitalinas de Bosa, Kennedy y el centro, pero también ha aprendido de los maestros tradicionales de los llanos orientales colombo-venezolanos y de los ritmos jarochos de Veracruz, México.

Y para finalizar la tarde de música local, Nicolás y Los Fumadores, una banda de rock alternativo, con influencias de géneros como el jazz, que le canta al malestar, al desamor, pero sobre todo a lo que les pasa a diario, todo con el fin de burlarse de ellos mismos. “Y yo que me quejaba del frío bogotano, hoy me estoy muriendo de verano”, decía uno de sus temas, en el que hablaban de la cotidianidad de un bogotano al estar en la costa.

“Creo que todos estábamos muy felices de tocar en el Jorge Eliécer, de que nos aplaudieran las dos personas del teatro que estaban ahí. Obviamente se siente la tusa de no ver a la gente. En el viaje de regreso a casa todos estábamos muy callados, porque creo que empezamos a sentir esa nostalgia de no ver a la gente. Es lo mejor que nos ha pasado en estos 8 meses, realmente”, dijo Santiago García, vocalista de la banda. 

Por: Sebastián Hernández Noreña
 
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